Cada tipo de demencia tiene unas características que determinan, entre otras cosas, las secuelas y deficiencias que sufre el enfermo. Es evidente que los familiares y cuidadores tenemos la obligación de amoldar nuestra actuación a estas demandas. Si tu duda es cómo tratar a un paciente con demencia vascular, vas a poder aclararla.

El asunto no es menor, porque la demencia vascular y el alzheimer solos representan el alrededor del 90% de los casos de enfermos cerebrales. De ahí la importancia de saber cuál es la mejor forma de tratarles para que su calidad de vida sea buena y para que no sufran. Este es sin duda uno de los aspectos más delicados, ya que son pacientes que suelen mantener la consciencia, a diferencia de otros trastornos de memoria.

Qué es la demencia vascular

Esta denominación agrupa a todas las alteraciones neurocognitivas que son producto de un problema en el riego sanguíneo del cerebro: un trombo, un infarto cerebral, una hemorragia… Normalmente se produce en personas de edad avanzada. Entre los principales factores de riesgo de la demencia vascular destaca la hipertensión, patologías cardiovasculares previas, la diabetes y antecedentes de ataques isquémicos.

Su principal diferencia con otros deterioros cognitivos es que aparece de forma brusca, no hay un deterioro progresivo que avise antes. Sin embargo, una vez que se produce el primer episodio, lo habitual es que se repitan, se produzcan períodos de estabilidad e incluso de cierta recuperación y de nuevo un empeoramiento.

Secuelas de la demencia vascular

Esta definición deja al descubierto la diversidad de esta patología. Es cierto que cuanto antes se actúe ante los síntomas, más posibilidades hay de que los daños se reduzcan. En general, los cuadros de estos enfermos de demencia vascular van desde labilidad emocional a deterioro intelectual.

Cuidados específicos para enfermos vasculares

Queda claro que una de las mayores dificultades de esta enfermedad es que no se puede generalizar porque la afectación que sufren los pacientes es muy desigual. Como consecuencia, los cuidados van a depender totalmente de ese nivel de dependencia y qué capacidades hayan perdido total o parcialmente.

Una de las cuestiones que es imprescindible tener en cuenta es que se ha demostrado que los enfermos afectados por una demencia vascular tienen una percepción mayor del dolor físico que las otras variantes. Por eso, se debe extremar la delicadeza con la que se les mueve, por ejemplo.

También merecen capítulo aparte los cuidados en los afectados que han perdido su capacidad de hablar o la tienen disminuida. Mediante el tacto o el contacto visual tienes que intentar establecer un código de comunicación para romper el aislamiento que pueden sentir. Más teniendo en cuenta que, en muchos casos, estos pacientes tienen su entendimiento intacto. Si tienen el oído dañado, los audífonos son herramientas muy útiles.

Otro aspecto que tienes que considerar es que estos enfermos tienen cambios bruscos del estado de su humor, son muy propensos a episodios depresivos e incluso delirios. Hay que ejercitar con ellos toda nuestra capacidad de comprensión y mantener la calma siempre que estemos con ellos.

Por supuesto, como siempre es necesario apostar porque mantengan toda la autonomía que puedan. Hay que adaptar su entorno físico para potenciar esa independencia. Siempre siendo conscientes de que es un proceso largo, con altibajos, pero que va desembocando en un deterioro progresivo.

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Para enfrentarte a la responsabilidad de tratar a un paciente con demencia vascular tienes que empezar por asumir que vas a sufrir altibajos en tu estado de ánimo. Afrontas un compromiso duro, aunque gratificante, y que se puede prolongar en el tiempo. ¡Sé paciente y tolerante con tus propios fallos!

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