El deterioro mental que conllevan las enfermedades neurodegenerativas no impide a los afectados tener consciencia de su situación. Cuidadores y familia acertamos al preguntarnos ¿cómo y qué siente una persona con demencia? Sólo dando un papel activo a nuestros seres queridos les proporcionamos la atención que merecen.

Aunque es evidente que cada persona es distinta, los especialistas han detectado pautas comunes en la reacción de las personas afectadas de una demencia. Unas actitudes que, además, van mutando según avanza la enfermedad. Acompañarles y darles apoyo sin saber qué están sintiendo se puede convertir en una tarea estéril por mucho que queramos ayudarles.

Qué siente una persona con demencia ante su diagnóstico

Sin duda, como sucede con cualquier enfermo, el momento clave es el de la confirmación. ¿Cómo se siente alguien cuando el médico le comunica que sufre una demencia? Si la familia queda desolada, no es difícil imaginar que en el afectado esta sensación se magnifica. La persona con demencia sabe que su mundo se viene abajo.

La primera fase es la de asimilación. Necesitan un margen para aceptar el duro diagnóstico. Un tiempo en el que se entremezclan sentimientos. Lo que siente una persona con demencia es similar al vértigo de subir a una montaña rusa, en la que el paciente salta de la ira a la tristeza, del miedo a la negación. Se rebela ante la injusticia, no entiende por qué le ha tocado a él. Al tiempo, se deja vencer por la apatía, sumergiéndose en la más absoluta dejadez.

Afortunadamente, esa etapa más o menos larga, da paso al periodo que se denomina resolutivo. No es que desaparezcan para siempre las sensaciones negativas y depresivas. La ansiedad permanece, pero deja de dominar al enfermo. De forma progresiva, retoma las riendas de su vida y comienza a manejar su nueva situación.

Consejos para entender a las personas con demencia

Según avanza la enfermedad se hace más complicado saber qué siente una persona con demencia. Con los trastornos de comportamiento se inicia la época de los silencios, cuando los pacientes pierden la capacidad de comunicarse con el exterior. Se apodera de ellos la confusión, no entienden porqué tienen que hacer determinadas cosas y se les prohíben otras. A veces esa frustración desemboca en actitudes agresivas, otras en la más absoluta indiferencia.

Por su parte, acompañantes y cuidadores viven esta incomunicación como un obstáculo, un muro que les aleja de sus seres queridos. Hasta este momento, su esfuerzo se veía compensado por el agradecimiento del enfermo. Ahora toca aprender a leer esas respuestas en los detalles más insignificantes. ¡Una mirada de ternura, una caricia! No olvidemos que la memoria afectiva sigue activa hasta el final. Evitemos herirles o ignorarles porque son actitudes que sienten como un rechazo.

Incluso en la últimas fases de la enfermedad, debemos intentar entender cómo y qué siente una persona con demencia. Está demostrado que nunca pierden su percepción emocional aunque sean incapaces de expresarla. Lloran, se asustan y ríen… Transmitamos nuestra empatía con gestos cuando ya no entiendan las palabras.

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